Artículos y Entrevistas

CUECA Y ROCK: ¡DURAZNOS DEL MISMO PARRON!


No son pocos los puristas y cultores del folclore, que piensan que el rock y la cueca son “como el agua y el aceite”, o sea, no se juntan nunca. Arguyen que la belleza del baile, los trajes, el ritmo, la musicalidad y las temáticas de las cuecas no se pueden comparar con “el ruido” del rock, con la “fealdad” de sus vestimentas, ¡y ni hablar de la insolencia de sus letras!
En realidad, esta situación no es privativa de nuestro país. Bob Dylan, exponente que llenaba de orgullo a los puristas del folk estadounidense porque seducía a las multitudes acompañado sólo de su guitarra a leña y su armónica, un buen día –para ser precisos, en agosto de 1965- se presentó en el Newport Folk Festival con una guitarra eléctrica y casi lo lincharon.
Curiosamente, al rock y a la cueca se le asignan orígenes similares. Los esclavos africanos sembraron la semilla del rock en los Estados Unidos a través del blues y también originaron la zamacueca –una fusión del fandango, ritmo folclórico español, con una danza africana- cuyo desarrollo en Perú nos trajo un tipo de música que en Chile tomó su propia identidad.
Con el tiempo, las nuevas generaciones de músicos han entendido que la mente hay que abrirla y que es necesario nutrirse de todos los géneros y estilos para enriquecer la creación propia. Y así, han descubierto que el folclore está mucho más emparentado con el rock que lo que ellos imaginaban. Y que “instituciones” de nuestra cultura, como Violeta Parra y Víctor Jara tenían su lado rockero muy presente en su obra. Nadie podría asegurar que, por ejemplo, la aventura creativa de Violeta en “El Gavilán”, con esa experimentación armónica y rítmica, sea una pieza puramente folclórica. Y la forma de cantar y tocar guitarra de Víctor, esa sensibilidad, esa tristeza ¿no nos recuerda a los primeros blueseros? Y sus letras, contestatarias, fuertes y directas, ¿no son acaso los elementos usados por el rock? De hecho, su obra se ha identificado tanto con las nuevas generaciones que hasta se hizo un disco homenaje en el que participaron muchos grupos del nuevo rock chileno.
Esta hermandad, la iniciaron Los Jaivas hace muchos años. También Sol y Medianoche logró demostrar que “el aceite y el agua” se podían juntar exitosamente, con una interpretación fantástica de “Corazón Maldito” y Jorge González señaló en una entrevista que él hacía temas con ritmo de cueca en “el tiempo de “El Futuro se fue”, cuando Los Tres todavía hacían grunge”, mucho antes de que se les ocurriera armar su Yein Fonda y se animaran a tocar cuecas con el Tío Roberto. Como si fuera poco, Sting, ex líder de la banda The Police, compuso una “gueca” –según decía la carátula- en homenaje a las madres y esposas de los desaparecidos en Chile, llamada “They Dance Alone” (“Ellas Bailan Solas”).
Pero si dudas, el caso más emblemático de hermandad entre la cueca y el rock, es el de Mario Rojas, músico fundador del grupo The Kiruza, que compitió en Viña con una cueca llamada “González, Tapia y Narea”, que ha grabado con Los Chileneros, dicta un curso sobre cueca en las Escuelas de Rock y hasta difunde nuestro baile nacional en su sitio www.cuecachilena.cl.
No hay caso. La cueca y el rock han estrechado lazos a pesar de las rabietas de los puristas. Incluso este 18 de septiembre, cuando la mayoría de los chilenos le esté poniendo entre pera y bigote para celebrar nuestras Fiestas Patrias, otros estaremos brindando en recuerdo de Jimi Hendrix, el más grande guitarrista que ha dado la historia del rock, a quien se le ocurrió partir de este mundo precisamente en una fecha como esa, en 1970, mientras más de algún chileno zapateaba al ritmo de estos versos:
“Por favor, carabinero/
por qué me toma del brazo/
¡lárgueme la manga!”.

El Cuervo

www.elcuervo.cl

(Columna publicada en septiembre de 2002, en la revista La Música de la Feria del Disco)

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